Dos opiniones
Como el cangrejo
Dardo Lopez-Dolz (Correo, 12/07/2012)
Como negociador profesional, conozco el valor de la negociación como herramienta de solución de conflictos, pero es una de las herramientas, no la panacea omnipotente que algunos ingenuos parecen creer.
El envío de dos mediadores a Cajamarca debilita la imagen del presidente Humala y otorga a Gregorio Santos la oportunidad de lavar su imagen, pintándose como angelical palomita dialogante, dirigiendo la reunión, imponiendo la agenda, tras componer histriónica y cuidadosamente su imagen para la prensa mientras "dialogan" rodeados por beligerante presión sicológica de una masa vociferante, para luego por escrito insistir en las posiciones que ayer exigió a pedradas.
Santos no quiere retroceder un centímetro ni puede hacerlo, a riesgo de que otros caciques radicales le arrebaten la antorcha incendiaria. ¿Es que nadie en Las Palmas ni en Palacio se percata de ello?
Todo político, todo gerente, todo general, sabe que la indecisión es destructiva. Se pueden tomar decisiones coherentes o incoherentes, pero su eficacia solo se prueba en la ejecución. La ausencia de decisión ante este problema debilita, paraliza, empobrece.
Para terminar de arruinar las cosas, en el paroxismo del diálogo suicida, la Dirección General de la Policía Nacional, olvidando que su papel es de vigilancia del orden y no de arbitraje frente a los que lo atropellan, textualmente temerosa de ser vista como parcializada en la defensa del orden, ha dispuesto, mediante memorándum, el retiro de todas las dependencias policiales enclavadas dentro de los campamentos e instalaciones de empresas mineras. Es decir, se ha decretado la ley de la selva, la Policía es ahora neutral frente a la violencia delincuencial; que se defienda cada uno como pueda.
En estricta coherencia, ¿habría que esperar quizá que nuestras Fuerzas Armadas declaren también su neutralidad ante eventuales agresiones extranjeras?
Me pregunto entonces: ¿para qué diablos existen? ¿Para qué gastamos plata de nuestros impuestos (casi un tercio de lo que todo honesto contribuyente formal aporta) en pagar sus remuneraciones, preparación y equipamiento? ¿A qué iluminado se le puede ocurrir que la Policía Nacional debe ser neutral entre la legalidad y la violencia ilegal?
¿Abandonarán con la misma inteligencia y compromiso las comisarías? ¿No han visto acaso la violencia que son capaces de desplegar los radicales en sus protestas antimineras? ¿Qué creen que va a pasar?
Cuando el caos se instala, la población decente acepta renunciar a muchas cosas por el restablecimiento de la seguridad en las calles. Ya vimos en el pasado reciente cuál es el destino de nuestras frágiles democracias ante esas situaciones desesperadas.
Espero que retorne la cordura y no se ejecute esa medida.
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Militantes de la pobreza
Agustín Haya de la Torre (La Primera,12/07/2012)
La abdicación de la política ante la religión es un recurso desesperado de un gobierno cuya improvisación lo hunde cada vez más en la confusión y la ineficacia. Los antimineros de Cajamarca les han hecho redactar a los sacros emisarios de Palacio varios folios con las posturas que todos les conocemos. Lo único novedoso (¿o vergonzoso?) es que ahora usan a los curas como mensajeros.
El problema se seguirá agravando si sigue sin caracterizarse de manera más precisa. Quienes usan el lenguaje y las categorías de la guerra fría para calificar a los enemigos de la minería como marxistas leninistas o agentes del comunismo internacional, yerran. Incluso quienes creen que es una campaña del Alba, también se equivocan.
Es probable que muchos de los actores hayan transitado por esas posiciones y que aún las sostengan, pero esas ya no son las ideologías que dominan el conflicto. El comunismo internacional hace tiempo que desapareció y el “socialismo petrolero” como define Hugo Chávez a su propuesta, es un modelo primario exportador extractivista, igual al que practican muy bien sus socios Bolivianos y ecuatorianos, que no solo mantiene intacto el esquema del cual depende el 80% de sus economías, sino que buscan ávidamente capitales transnacionales
Los factores ideológicos a los que adhieren tienen que ver con el campesinismo y el creacionismo. La defensa de la economía campesina ante los efectos implacables del capitalismo que disuelve el mundo feudal, se remontan a los debates de Marx con Vera Zazulich y de Lenin con los populistas rusos. La defensa del atrasado modo de vida campesino fue resucitada por Pol Pot que para imponer ese modelo y destruir el capitalismo, dinamitaba bancos y vaciaba las ciudades. Camboya retrocedió a la edad de piedra y los jemeres rojos quedaron registrados entre los mayores genocidas de la historia.
Quien siguió la prédica de los camboyanos fue Sendero Luminoso. Antonio Díaz Martínez, ideólogo de la sociedad campesina, encabezaba personalmente el asalto a las explotaciones agropecuarias más avanzadas en el Ande, asesinando finas cabezas de ganado mejoradas genéticamente. Las calificaba como una malvada penetración imperialista.
Si uno revisa los argumentos y la propaganda de los antimineros se da cuenta de que cada vez con más claridad quieren que el atraso campesino, sus usos y costumbres no se alteren. Sin embargo introducen una variante: que el Estado les brinde todos los servicios mientras impiden que se genere la riqueza que lo haga posible.
El otro criterio que se enlaza con el anterior es el creacionismo. De origen bíblico, sirve tanto a la extrema derecha norteamericana, enemiga de la ciencia y el progreso, como a los que creen en las leyendas hebreas de hace veinticinco siglos. De hecho muchas diócesis han reemplazado las vicarías de los derechos humanos por las que defienden los “bienes creados por Dios”.
Esta mezcla ha engendrado un nuevo tipo de fanatismo que convierte a los pobres en militantes defensores de su pobreza.